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Cuando me enteré que iba a ser demolida en poco tiempo, pensé que si quería volver a entrar, este era el momento. Así que… aprovechando la visita de un amigo que también quería conocerla, me volví a adentrar en su interior, pero esta vez no nos colamos por un agujero, sino que lo hicimos por la puerta grande, por la puerta principal, ya que con el motivo del derivo los vecinos de Carabanchel se estaban manifestando y organizando visitas guiadas al interior de la misma.
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Según íbamos adentrándonos, nos encontrábamos más cascotes y cristales rotos, pero… cuando me encontré de nuevo en el pasillo exterior donde se ubican las celdas, mi sensación cambió completamente a la anterior, pensé… “Qué pena”. Sensación que me estuvo acompañando a lo largo de toda la visita. Los barrotes, las puertas, las jambas de las puertas, las camas, la maya anti-suicidios… habían desaparecido. Ni siquiera estaban ya las pequeñas cortinas que cubrían algunas ventanas. Estaba todo reventado, destrozado… Si antes podías caminar por algunos lugares sin pisar un solo cristal… ahora eso era completamente imposible. Ya que no había hueco libre sin poder pisar parte de los muros esparcidos por el suelo.
Donde antes había unos graffitis enormes e impresionantes… ahora en su lugar solo se veía pequeños restos del ladrillo, agujeros y el interior de lo que antes estaba oculto.
Por lo que… pensé… ¡¡¡ que quieren mantener en pie!!! Si… está ya todo… uffff, sin palabras me quedé. Sin palabras, salvo la sensación que aun tengo de… ¡¡¡Que pena!!!